
Este año el SIMCE fue suspendido, y con ello los colegios perdieron una de sus referencias externas habituales. Se puede discutir largamente sobre las virtudes y límites de esa prueba, pero su ausencia deja algo en evidencia: sin mediciones externas, la única fuente de datos sobre el aprendizaje es la evaluación interna de cada establecimiento.
Por eso, este es un mal momento para dejar de evaluar. Al contrario: los colegios que mantengan un plan de evaluación interna —diagnósticos, evaluaciones de unidad, mediciones de cierre de año— llegarán al próximo año sabiendo dónde está cada curso y cada estudiante, mientras otros partirán de cero.
La evaluación interna tiene además una ventaja: usted decide qué medir, con qué frecuencia y con qué nivel de detalle. Puede alinearla con la priorización curricular y analizar resultados por objetivo, habilidad y eje temático, algo que ninguna prueba externa le entrega con esa oportunidad.
Si su equipo quiere sostener ese plan sin ahogarse en corrección manual, pida una cotización de DigiTest.
