
Cuando un curso obtiene malos resultados, la explicación habitual apunta a los estudiantes. Pero a veces el problema está en el instrumento: preguntas ambiguas, alternativas correctas discutibles o ítems que miden algo distinto de lo que se pretendía.
El análisis por pregunta permite detectar estos casos. Una pregunta técnicamente sana discrimina bien: los estudiantes de mejor desempeño global tienden a responderla correctamente con más frecuencia que los de menor desempeño. Cuando ocurre lo contrario —los mejores alumnos fallan un ítem que los demás aciertan—, hay una señal de alerta: quizás la redacción induce a error, o hay más de una alternativa defendible.
Revisar estos indicadores después de cada aplicación tiene doble beneficio: mejora la justicia de la calificación (un ítem defectuoso puede anularse antes de cerrar las notas) y construye, prueba a prueba, un banco de preguntas de calidad verificada con los propios estudiantes del colegio.
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